El viejo amor

el
Foto de Lucie Le Poidevin

Hoy, la bailarina se enfrentó de nuevo al escenario. Se enfrentó a su viejo amor.
Listones azules, chapatas de último minuto, mallas negras, zapatillas, nervios envueltos en aplausos y sombras de colores…
Cuando los ojos confundieron los sonidos con el movimiento, cuando empezaron a ver música, cuando apagaron las luces y silenciaron los murmullos… supo la bailarina, qué era su momento de empezar.

Después de meses de entrega, de trabajo, de rutinas y de comer en el trébol, Ella, esperaba el momento. Quería ver cómo de su cuerpo nacía música, y en el escenario, se hacían un mismo latido.

Siguiendo el impulso de los sentimientos, de la necesidad de ser libre, de expresarse, de ser vista; con el deseo de ser algo más, de ser algo diferente… frente a los ojos curiosos, en el pequeño salón de los talleres artísticos, surgió la música… ya sin pensar, ya sin esfuerzo.

Fue entonces cuando supo la bailarina, qué estaba viva…
y del otro lado de la pantalla estoy yo, segura de que bailó mejor que nunca…
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. La locura me pego a las... dice:

    Linda historia, o seria prudente decir “Analogia”, no lo se pero de todas maneras me hipnotizaron tus palabras.

    Saludos y un abrazo.

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