Psiquiátrico Santa Elena

el
Llegó al psiquiátrico y no para hablar por teléfono. Vestía saco negro con rayas blancas, y decía que ese, era el lugar donde mueren las histerias.
Un psiquiátrico como no hay dos. Paredes verdes y alcatraces, milagrosos sobrevivientes al frío glaciar de Santa Elena. Cenas rápidas para los psicópatas. Indios para hacer hablar a los suicidas y mandarina con hielo para los incomprendidos. Música para los no olvidados por la rutina. Música que los enloqueció años atrás en noches sin estrellas, la que ahora les regala nuevos recuerdos, que por un rato los mantendra cuerdos.

Y ahí estaban, una que se creía muy buena, uno que se creía catalán y una que se creía experta de alimentos. Y ahí estaban, esos tres locos y cincuenta más. Cada uno con una vida llena de misterios y con fantasmas enmarañados entre los nervios. Y ahí estaban, sabiéndose locos y fingiéndose sanos…

pa pa pa pa 40’ …cuarenta pies debajo de mis pies……la la la la la la la la la la…turúrurúrurú…
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