La ciudad subterránea

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Era por ahí de Octubre y vivíamos en la magia de una ciudad subterránea. ¿Quiénes éramos? ¿De dónde veníamos? ¿Qué habíamos dejado atrás? ¿Qué habíamos odiado? ¿En que gastábamos nuestros días?…No lo sabíamos. Sólo vimos la punta del iceberg que quisimos que vieran.

Los demás, se habían quedado. En el sur de otro continente. En las tardes nubladas del viejo reino y en los caminos terrosos del ombligo del mundo. Se habían quedado entre paredes de ladrillos, en el castillo de Keele.

Escribíamos cartas, con estampillas de maple. Contábamos de la cotideanidad que no podía llamarse rutina. Escribíamos para contar cada minuto del exilio voluntario, para que las millas se convirtieran en metros. Soñábamos el aire salado de Guernsey, las flores de Derby y los recuerdos de Metepec.

Y teníamos un baño amarillo, que siempre olía a limpio…
Kiran, Lucie y Claudia en la ciudad subterránea, volviendo de una noche de fondeu.
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