El viejo y el mar

el
Entramos a la librería ni me acuerdo para que. Yo andaba de curiosa. Leyendo las contraportadas, viendo que se me antojaba leer. Él, tal vez preguntaba si había llegado el libro aquel. Y seguramente no, tardaría un par de semanas más.

– Te compro un libro, ¿cuál quieres? dijo con esa voz de consentidor que a veces tenía.
– mmm… éste!.
– ¿El viejo y el mar?.
Movió los ojos como lo hacen los economistas y pienso que tal vez pensó “Qué rara es!”

No era de esos hombres que escriben, ni de los que creen qué al amor no lo separan las ciudades, pero era de esos que regalan tulipanes. Tulipanes sin tarjeta. Era un hombre que hablaba poco y que podía integrar por partes antes de conocer las partes. Un hombre extraordinario, que sin alas, sabía volar (en un lear) y que cuando regresó a la ciudad sólo extrañó el cielo que había dejado.

Después se fue a un cielo sin nombre y nunca más volvió. Sólo quedó Hemingway paseándose por mi cabeza. Sólo quedó el viejo y el gran pez, de repente empolvado entre mi desorden. Quedó la historia de un hombre real y tiburones reales. Me regaló una historia para recordar que un hombre (o mujer) puede ser destruido, pero no derrotado. Por ahí anda el libro, con una historia que habla de un viejo que supo abandonar la derrota. En mi librero está “el viejo y el mar”, también con una historia de amor detrás.

Y a los recuerdos se los va comiendo el tiempo…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s