El camino correcto

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Después de la década perdida de los 80’s, los países latinoamericanos, entre ellos México, se vieron obligados a cambiar el modelo económico que hasta entonces habían utilizado. La liberalización comercial y las reformas estructurales emprendidas, basadas en el Consenso de Washington parecían indicar que la economía mexicana seguía “el camino correcto”. Los inversionistas habían recuperado la confianza, y los grandes flujos de capital que recibía México reflejaban la visión optimista de que el libre mercado era el punto clave para el desarrollo económico.

A principios de los 90’s, el panorama de las economías latinoamericanas había desilusionado todas las expectativas. No es que las recomendaciones de política bosquejadas por los “think tanks” hayan sido incorrectas per se, sino que se sobrevendieron o sobreestimaron…. a veces la gente cree ciertas historias sólo porque personas “importantes” las apoyan. En este caso, las instituciones financieras internacionales habían prescrito la receta mágica que debían de seguir los quebrados países para dejar la pobreza en un abrir y cerrar de ojos… cualquier economista “respetable” sabía que el desarrollo venía como consecuencia de la estabilización, la privatización y la liberalización. No importaba si se trataba de Uganda, Ucrania o Argentina, las políticas correctas significaban disminución del déficit fiscal, de las tarifas a la importación, a las restricciones en el comercio internacional y flujos de capital sin importar la historia, la política económica o las instituciones locales.

Sin embargo a finales del 94, una crisis económica y financiera demostró el fracaso del Consenso de Washington para el caso de México, y marcó el inicio de un nuevo período de una severa y persistente recesión económica.

Al día de hoy, casi 20 años después de que se tomara el camino (correcto?) de las grandes reformas estructurales, el nivel de vida, el ingreso per cápita y el desarrollo económico siguen estancados. Habrá quien diga que las reformas que se llevaron a cabo fueron apenas una caricatura y que no fueron lo suficientemente profundas. Para otros las reformas fueron simplemente una imposición que no se adecuaba a la realidad de los países que las siguieron.

Para los que defienden la primera postura, parecería que lo que sigue es: hacer más de lo mismo y hacerlo bien! Y bueeeno … los monopolios regionales, la calidad del gasto público, y las deficiencias en el sistema jurídico son sólo algunos de los “issues” que nos quedan pendientes. Esta nueva generación de reformas son de naturaleza meramente institucional. Instituciones!.. es lo de hoy!!( es lo de hoy?)….

Algunos economistas[1] enfatizan que el principal determinante de los niveles de ingreso de los países es la calidad de las instituciones o a lo que llaman infraestructura social. La frase “institutions rule”[2] sugiere la importancia que se le ha dado a las instituciones cómo determinantes del crecimiento… lo que para países como el nuestro puede resultar un tanto trágico, ya que las instituciones además de estar encajadas en la sociedad surgieron de ella misma y cambiarlas requiere un largo proceso… (y me atrevería decir que a veces hasta un milagro). Si el crecimiento requiere grandes transformaciones institucionales, ¿cómo esperamos no ser pesimistas cuando los líderes políticos mandan al diablo las instituciones?… o cuando las instituciones están tan corrompidas y manipuladas por los grupos de poder que sus acciones e intervenciones en la sociedad son turbias y cuestionables?…Al parecer, nadie tiene claro todavía como mejorar la calidad de las instituciones, cuales son las instituciones correctas ni como deberían de funcionar…

Lo que han aprendido los economistas en los últimos años es que no hay recetas mágicas aplicables sin distinción a todos los países para alcanzar el desarrollo!… hay que analizar el caso de cada país y adecuar las políticas económicas a su realidad y sus alcances. Los años 90’s nos dejan muchas lecciones: La más importante tal vez, es que nuestro conocimiento del crecimiento económico es extremadamente limitado y que los sistemas económicos no siempre responden a lo que predicen. Esta nueva ideología se ve reflejada ahora en el Consenso de Barcelona. Una reconsideración de lo que se sabe y de lo que se cree saber del crecimiento económico. Este “redescubrimiento” no sólo es buena noticia para los países en vías de desarrollo, sino también para los economistas…

[1] como Hall y Jones (1999), Engerman y Sokoloff (2002), Acemoglu, Johnson y Robinson (2001)

[2] (Rodrik, Subramanian, y Trebbi, 2004)
Si alguien quisiera estos papers y más bibliografía de este tema mándenos un correo a ms.calus@gmail.com y con gusto se los mando…
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Chio dice:

    Querida Calus,

    Así es, comparto contigo que no existen recetas mágicas para llegar al crecimiento y desarrollo económico de los países. Desde el Consenso de Barcelona todos se han replanteado ¿que falló en el Consenso de Washington? unos dicen que se privatizó demasiado rápido o se hizo muy profundo…pero todos saben que algo salió mal… y la esperanza de los países latinoamericanos se ha ido esfumando poco… ahora todo el mundo apuesta a las reformas de “segunda generación” que son las que tienen que ver con las tan aclamadas instituciones. El FMI y el BM han sido sumamente criticados por las políticas que han promovido y que no han resultado.
    En fin… comparto contigo todo lo que has escrito en “El camino correcto”

    By the way… Arriba Rodrik!!!!

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