lunática

el
Lunática por naturaleza y después por convicción. Regresaba a casa cada noche con una voz entre las costillas que le retumbaba en el cerebro, le revolvía la sangre cansada. El desorden le emanaba.

Imposible aquietar las ideas en expansión y las pasiones desconocidas de las que era consciente. Interminable lista de cosas por hacer en los días que no le duraban, después de la vida rutinaria. Entregarse a placeres inconfesables a la hora de la comida, escribir un libro (o al menos un post)… aunque tardara toda la vida repensando sus días para convertirlos en palabras. Hablar hasta que se le acabara la voz y correr hasta que se le reventaran los huesos o perdiera la voluntad, lo que pasara primero.

Y decidió abrir, quién sabe por qué. Despegarse del cuerpo, dejarse caer… que la arrastrara la corriente, que la jalara la mente. Hubiera querido aventar el miedo, pero mejor lo soltaría de poquito a poco… cuando estuviera desprevenida y no se diera cuenta. Soltó la sensación de vacío, llena de nostalgia, pero ya qué. La llenó con saliva… y sabía mejor. Concentró su atención en los esqueletos de sus pestañas, en el mundo desconocido de sus ojos negros. Se vio en el suelo, despostillada, y por un instante ya ni le importaba.

El viento sin rastros del invierno, y ella que regresaba a casa con una sonrisa imperceptible… que se notaba menos en los labios que en la mirada.
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