Tres años después de la tormenta

Había escuchado poco de la ciudad y mucho de Katrina y en realidad tampoco sabía tanto del huracán, sólo había visto las imágenes escandalosas de una ciudad ahogada al borde del caos hace algunos años y lo había escuchado mencionar a menudo en mi oficina, pero jamás me interesé por su historia o imaginé el esplendor que aún tenia la ciudad decadente.Gracias al Institute for Women’s Policy Research (IWPR, por sus siglas en inglés), me inscribí a la conferencia anual del Population Association of America que se llevó acabo en la ciudad de Nuevo Orleáns del 17 al 19 de Abril.

 A mi llegada fui al barrio francés, lleno de tienditas de antigüedades, restaurantes de comida creole y galerías de arte. El barrio tiene un aire colonial con sus balcones llenos de flores de colores vivos, barandales de hierro forjado, y calles angostas que llevan nombres como sacados (de de los duques de la corte de Orleáns) de un poema: Conti, Burgundy, Toulouse, etc. La gente deambula por las calles sin prisa y se detiene a escuchar las bandas de música callejera, a festejar o a curiosear en las tiendas hippies y vintages de los alrededores en las que venden chácharas y muñecos vudus. El barrio francés es la mezcla de muchas voces que hablan al mismo tiempo: creoles, africanos, franceses, españoles, americanos y últimamente también de un montón de turistas.  A unas cuantas cuadras del hotel en el que me hospedaba, en la calle Canal, se encuentra la catedral de St. Louis y la plaza de Armas ahora conocida como Jackson Square en la que uno se puede topar con todo tipo de lectores del tarot y la fortuna;  enfrente de la plaza se encuentra el Café du Monde, lugar del que todos hablan y al que nadie puede dejar de ir a comer beignets (donas fritas con sabor a churros) con leche.  En la noche, fui a cenar Gumbo, al Burbon St. y un concierto en el Preservation Hall, donde según los locales, se escucha el mejor jazz del mundo.

Aprovechando que ya iba a andar por allá, me uní al equipo de investigadoras del IWPR, que se encontraban en la ciudad entrevistando a personas desplazadas por Katrina. El estudio que están realizando espera capturar las historias de lucha de las mujeres que eran residentes de los edificios de vivienda pública antes del huracán, y que no han podido regresar a sus hogares debido a la orden de demolición de estas unidades por parte del gobierno federal, esto a pesar de que más de 12,000 personas están desamparadas.

Las Naciones Unidas ha llamado la atención varias veces al gobierno de Estados Unidos, incentivándolos a detener las demoliciones, pero sus esfuerzos han sido en vano. La ONU ha declarado que los edificios están estructuralmente en forma y que hubiera costado mucho menos rehabilitarlos que remplazarlos. Sin embargo, parece que la evacuación fue una bendición para los planes del gobierno, quien desde hace tiempo tenía intenciones de demoler las unidades; y además, lo expresó públicamente. A los lectores del Wall Street Journal, el 9 de septiembre del 2005, el congresista republicano de Louissiana, Richard Baker dijo “We finally cleaned up public housing in New Orleans, we could’t do it, but God did.”

A diferencia de la magia del área turística, en las zonas más pobres y en la que se encuentran los edificios de vivienda pública, parece que Katrina apenas pasó hace unos cuantos meses. Las casas de madera yacen resquebrajadas todavía con las pertenencias de los que alguna vez fueron sus dueños y que ahora se encuentran varados en alguna ciudad de Houston o Atlanta sin los recursos suficientes para regresar. En mi estancia allá, en compañía de la Dr. Henrici, directora del proyecto, tuve la oportunidad de escuchar de viva voz las experiencias de locales afectados por la negligencia de su gobierno, que además han sido históricamente los más pobres y marginados de la sociedad. No cabe duda que hoy, a casi tres años de la tormenta el estrés y sufrimiento que causó la falta de planeación del sistema de diques, las inundaciones y la indiferencia y tardía respuesta por parte del gobierno estadounidense, sigue presente en los habitantes de Nuevo Orleáns; no hace falta que lo digan, se puede ver en sus ojos, y sólo algunos guardan la esperanza.

El viaje a la ciudad menos gringa de los Estados Unidos, las conferencias de la PAA y mis primeras experiencias de trabajo de campo en investigación cualitativa hicieron de este un viaje una experiencia inolvidable que despertó en mi la curiosidad por conocer la historia y problemas de la única ciudad del tercer mundo en el primer mundo…

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. ...pablo... dice:

    claudia,
    lo que dices me recordó a los que naomi klein escribió aquí: http://www.naomiklein.org/articles/2007/12/shock-doctrine-action-new-orleans

    saludos,
    pablo

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