Siempre está soleado en Filadelfia

El verano pasado, cuando la mayor parte de mis ratos libres los pasaba en el escritorio haciendo trabajos escolares, pensaba seguido en Rocky. Esa mítica figura  en el imaginario colectivo que representa resiliencia y tenacidad, acompañado de una gran selección musical. Acababa de ver la película por primera vez, y “I’m gonna fly now” sonaba en mi despertador cada mañana. Supongo pensaba en Rocky porque necesitaba un pensamiento feliz del cual agarrarme cuando no le veía salida a los laberintos de la cotidianidad. Me imaginaba victoriosa, levantando los brazos y festejando que por fin había llegado el día…(usted póngale nombre al día que está esperando). Me imaginaba corriendo en pleno invierno, con la nieve (y música) de fondo, y subiendo las escaleras del museo de arte de Filadelfia, tal como en la película.

Así que llegó mi cumpleaños y fuimos a celebrar a Filadelfia, a que corriéramos por la ciudad, a que comiéramos cheesesteaks, y que, como Rocky, celebrara mis pequeños triunfos del año, los que se ganan en silencio y con mucho esfuerzo, de los que nadie sabe, y a nadie le importan.

Viajamos el 22, el sábado tempranito, apretados junto con los muchos que viajaban para las fiestas navideñas. Llegamos a la estación de la calle 30 y de ahí caminamos para llegar a nuestro hotel en el barrio de la ciudad antigua… Una vez instalados, salimos a conocer. Filadelfia tiene ese aire de gran ciudad, con edificios altos y basura en las calles, pero al mismo tiempo el encanto de un pueblito con faroles y menonitas vendiendo  quesos y mermeladas. Además, la única ciudad que conozco donde los restaurantes son BYOB, o traducido al español, en donde puedes llevar tu propia cerveza.

Filadelfia también es el lugar obligado para los que quieren saber más de la historia de Estados Unidos, fue ahí en dónde se firmó el acta de independencia y se escribió la constitución. No nos perdimos el paseo de los edificios históricos de la ciudad endulzado con las palabras (extremadamente) patrióticas y orgullosas del guía. También nos tomamos fotos con la campana de la libertad, y pensamos en Benjamín Franklin.

Como fuimos en Diciembre, les puedo decir de lo bonito que adornan los árboles con esferas y luces, y del bazar navideño alrededor de la icónica estatua gigante que dice “love.” En el bazar venden un poquito de todo, playeras, pulseras, inciensos, comida, churros… (a los que no nos resistimos). Después de chacharear entre los puestitos, y tomarnos la foto del recuerdo, fuimos al  concierto navideño y espectáculo de luces en Macy’s. Sí, Macy’s. Quién se imaginaría que el Macy’s del centro de Filadelfia tiene un enorme órgano con más de 10,000 pipas, el más grande del mundo según wikipedia. Para terminar el día cenamos cheesesteaks en el market east, y comimos pastel con 28 velitas.

Domingo siete am y el momento culminante del viaje está por llegar. Tres millas nos separan del hotel a las escaleras de Rocky. De regalo de cumpleaños, H corrió conmigo, a mi paso, como aquellos ayeres en el Ocotal. Casi a punto de llegar H se adelantó para llegar antes que yo, y tomarme fotos. Yo también aceleré sacando toda la fuerza que me quedaba, con sonrisa de oreja a oreja, celebrando ya desde la base de las escaleras, con “I’m gonna fly now” de fondo (desde mi teléfono), total, son las siete treinta de la mañana y a quién le importa una turista más con sueños de Rocky Balboa.  Sólo nos faltó la nieve. Lo que le siguieron fueron más fotos, mas música de Bill Conti, el sol naciente, las escaleras para nosotros solos, besos, mucha cursilería… y tres millas más de regreso al hotel.

En la tarde, ya con nuestras mochilas, volvimos al museo de arte de Filadelfia, vimos los cuadros modernistas de Monet y Paul Cezanne,  las figuras de los dioses Hindús, la casa de té japonesa y  muebles del imperio chino. Comimos de nuevo en el  Market East porque nos encantó, estuvimos un rato en el mercado viendo los puestos de los menonitas, preguntado el precio de cosas que no íbamos a comprar y saboreando dulce aquí, cafecito acá, galleta de allá. Caminamos por el barrio chino y nos encaminamos a la calle 30 para tomar el autobús de regreso a casita.

En DC nos esperaba más cotidianidad y muchas más millas por recorrer…

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P.S. Y todo el fin de semana estuvo soleado en Filadelfia.

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