El Pasajero

Tenía las manos cansadas de cargar la maleta. Le ardían como si estuviera agarrando el sol.  Quería sentarse y mirar tan lejos como pudieran sus ojos. Hasta donde se perdiera el cielo con la nieve.  Ensimismarse las próximas diez horas. Pero el vendedor de boletos, que se llama destino, la sentó en otro lado, en dónde no pudo.

Los recuerdos ahora, tan borrosos por los años como una postal despintada. La ventana del lado derecho, a la izquierda un asiento vacío. Enfrente un hombre de cabello lacio, con una sonrisa tierna y mirada cansada. Ensimismado también, con una mochila encima de la mesa.

Cómo fue que decidieron besarse, ya no se acuerda. Sólo recuerda el ruido de las vías del tren, la oscuridad de los túneles, y sus pies bajo la mesa; jugando, diciéndose te quiero, sin conocerse.

— Aquí me bajo le dijo a ella.

— ¿Y sí me voy contigo?

— Ay güerita. Te haría el amor bonito.

— ¿Qué te pasa?—le reclamó—Si no soy güera.

— El blanco te va bien, güera. Y le guiñó el ojo mientras se salía.

​Y aunque se le enchinó la piel y sintió las palabras hasta en los pezones, a ella todavía le quedaba camino. Ahora en la vejez, cuando le falta poco para apagarse, se acuerda del pasajero aquel que la sedujo con cinco palabras y un sólo beso. Sí la vida los juntara de nuevo, le pediría que le hiciera el amor, bonito.

Inspirado en los cuentos de “Querida Vida” de Alice Munro. Post musicalizado con The Passenger, Iggy Pop

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