Diez años en la red: la historia del blog

¡Este mes es el aniversario número diez del blog! Y merece un post. Todo empezó cuando vine de intercambio a DC en el verano del 2005. Una “pasantía” era requisito del instituto de verano. Todo bien hasta que la oficina dónde haría la pasantía dijo que me pagaría. En cualquier otra circunstancia dinero a cambio de trabajo es buena noticia, pero no cuando tienes visa de estudiante. Me quedé a la deriva buscando pasantía en el último minuto. Quién ha andado por estos lares sabe que las pasantías se buscan abril, mayo si bien te va; junio, olvídense.

Mientras todos los compañeritos ya en su pasantía, yo todavía buscando la mía. En la búsqueda—desesperada—llegué a una agencia de desarrollo internacional. El jefe del jefe dijo que en la oficina de México había mucho trabajo y que me pondría en contacto con ellos. #chale. Así terminé haciendo un reporte sobre periodismo de calidad en México. No encontré nada más.

Mientras los compañeritos se vestían de traje sastre y se aventuraban en el metro para llegar a la oficina, yo en la cafetería, en la biblioteca, en el jardín, en mi cuarto, leyendo de periodismo, escribiendo mi reporte. El momento culminante de la pasantía fue cuando fui al Pew Research Center a una conferencia sobre el periodismo de calidad. Pero en realidad, la pasantía había sido un pequeño fracaso para mí, el periodismo no era relevante en mí vida, y nada de “experiencias profesionales.”

Mi redacción fue pésima, el reporte mediocre, mi calificación B. En el kardex de la ibero una B se convierte en ocho. Trauma existencial. A lado del ocho que me saqué en economía matemática o en cálculo, este ocho era una vergüenza. Para entonces ya ñoñeaba y no quería un ocho en la boleta, y menos uno por el que no había sudado sangre.

Me acuerdo que le pregunté a la jefa qué podía hacer para mejorar la calificación; un mes más de trabajo en el D.F. y la A sería mía. “—Pues sí—le dije—sólo tengo que solucionar eso de cómo llegar a la gran ciudad.” Inmediatamente estaba al teléfono alguien de mí mismo pueblo explicándome cómo llegar. Instrucciones detalladas que no podía imaginar. No había vuelta atrás.

La mala redacción me llevó a esa oficina y en esa oficina aprendí qué eran “los blogs.” Resulta que todos tenían uno, y todos los amigos de todos también. Era lo de hoy. Ellos cool. “¿Debajo de qué piedra vivo que no me entero de nada?—pensé.” Pero en realidad, apenas era el 2005, los blogs apenas venían. Empecé mi blog, porque yo tambié quería ser cool.Y así cumplo diez años en la red, diciendo mucho y a la vez nada, palabras llenas de sentimientos y de vacío. Largos silencios, como el del 2011, marcadores de kilómetros, y la promesa de más historias que contar. No pude haber encontrado una pasantía mejor :)

¡En hora buena, que no se acaben las palabras nunca!

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