La tierra del hielo y el fuego

En mi hora del insomnio por eso del “jetlag.” H duerme, fue un día cansado. Llegamos a Keflavic en la madrugada con unas pocas horas de sueño. Apenas aterrizó el avión y tuvimos una probadita del clima. La parca invernal no parecía mala idea; pero a medida que pasa el día y empieza a calentar el sol, confirmo que mis dos sudaderas parecen una mejor idea :) El aeropuerto es pequeño y huele a madera. Los trabajadores se mueven en “patines del diablo” gigantes–nunca los había visto para adultos–luego cuando comemos en Reikjavik nos damos cuenta que a los niños les gustan también. Son populares por acá.

Un desayuno/cena de un sándwich en pan de centeno tostado y estamos en camino a nuestra primera parada: la laguna azul, una “alberca” de aguas termales cerca del aeropuerto, a una hora de Reikjavik.  A través de la ventana del autobús que nos lleva a la laguna veo los campos de lava cubiertos de musgo por la humedad. Me toma un momento acostumbrarme al paisaje. Algo es diferente; no hay árboles, la planicie se extiende hasta lo lejos en dónde se funde con las montañas.

Lo leí en varias guías y lo compruebo, antes de entrar a la laguna hay que bañarse, pero bañarse con ganas. Lavarse el pelo y tallarse todo, y sino, te regresan. Entre los vestidores y la laguna dan ganas de correr, apenas las ocho y media de la mañana y se siente mucho frío para pasearse medio encuerada y medio mojada a la intemperie. Ya en la laguna el agua es caliente y el piso rocoso, el agua sabe a sal. Un arcoiris en el cielo de adorno. Ancho y completo, como nunca lo había visto. Después me doy cuenta que aquí los arcoiris son cosa de todos los días. Vimos tres. La lluvia y el sol viene y va durante el día, dejando a su paso un cielo lleno de colores.

Ya en Reikjavik, después de comer, vamos al “Harpa” (léase jarrpa), una sala de conferencias y conciertos modernisima. El diseño está inspirado en el paisaje islandés. Lava, luces nórdicas, hielo. La estructura consta de un marco de acero revestido con paneles de vidrio con formas geométricas que destellan diferentes colores con el sol. En principio era una inversión privada que además de el centro de convenciones y sala de conciertos también albergaría un hotel de lujo, restaurantes, y oficinas; pero la construcción se quedó a medias después de la crisis del 2008. Para muchos islandeses la finalización de esta construcción representaba la esperanza del fin de la crisis. Ante el abandono del proyecto por parte de los inversionistas privados, el estado decidió agarrar las riendas y llevar la construcción a su fin. El lote donde sería el hotel todavía puede verse baldío a un lado de Harpa.

Cada sala tiene un nombre que inspira su diseño. “Eldborg” la sala más grande es también el nombre de uno de los cráteres volcánicos más reconocidos del país, y literal se traduce del islandés como “castillo de fuego.” Además de una arquitectura impresionante, la tecnología de sonido de Harpa está diseñada para absorber y amplificar el sonido con paneles de madera y de tela colocados estratégicamente que se mueven según se necesite.

Para cerrar el día caminamos por las calles del centro de Reykjavik, paseando por las muchas tienditas que venden suéteres y calcetines de lana, típicos del vestuario islandés. Entre las chácharas que venden vimos muchos “trolls,” sal de lava, y joyería de piedra volcánica–ya les estoy echando el ojo.

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