Día de entrenamiento 

Hoy tocó darle al pavimento. H se entrena para su quinto maratón a finales de mes en Berlín, durante el viaje tiene que acomodar un par de carreras largas para llegar bien preparado. La próxima semana en París estarán Lalo y Dirk y correrá con ellos; aquí sólo estamos él y yo así que acompañé sus kilómetros en bicicleta. Antes corríamos juntos, pero ya de eso muchos años, desde que se volvió rápido y yo me quede lenta cada quien sale por su lado. Empezamos en el viejo puerto, ahí renté la bici y nos fuimos a recorrer la costa. Pasamos por las casas modernas y departamentos de Reykjavík (son de concreto, de esto más adelante), pasamos cerca de la universidad, la playa, el aeropuerto, una alberca pública, y un campo de golf. El aire olía a sal y a hierba mojada, de banda sonora el día nos regaló el suave ir y venir de las olas, el graznido de las gaviotas, y el sonido de las pisadas de H dándole al pavimento. En total recorrimos 25.75 km. Obvio ahora me duele el traserito, pero todo sea por los sueños de maratón de H. Como nos alejamos del centro empezamos a escuchar más personas hablando Islandés y dejamos de escuchar el inglés británico que se escucha tanto por aquí. El clima nos ayudó a disfrutar el recorrido, apenas una sudadera y mi chaleco, un poco de frío en las manos nada más. No hubo sol pero no llovió, qué más podíamos pedir.
Terminando el entrenamiento luncheamos de volada y, sólo porque somos jóvenes nos fuimos a un paseo guiado por la ciudad, digo, para aflojar las piernas un poquito, sobre todo que no estaba nada cansada (léase con ironía). La verdad que queríamos hacer el paseo ayer pero no nos dio tiempo y había leído que era muy bueno. El paseo es muy popular entre los turistas, es gratuito (se paga una donación) y lo da un graduado de historia. A diferencia de otros paseos más convencionales este paseo es peculiar, lleno de historia, comentario político, chisme local e información relevante. En este paseo escuché hoy que sí había árboles en Islandia en sus orígenes pero que los Vikingos se los acabaron. Habrá que investigar más. En otra entrada escribiré lo que aprendí en el paseo sobre la historia de Islandia, y más sobre el tour. Mientras, una foto.

Para cuando terminamos el paseo yo estaba lista para un Kaffi (café) y una siesta. Paramos para el bocadillo vespertino, y después a la siesta, que no es muy común en–soy la persona con más dificultades de sueño, empezando por la luz–pero hoy si lo ameritaba :D Después de cenar–tacos mexicanos con motivo del mes patrio, las tortillas de harina–fuimos a la iglesia del centro de Reikjavík. Esta iglesia parece nave espacial, o si le echa imaginación, algo más. Es de puro concreto, muy gris, inspirada en las formaciones basálticas de la isla.

Muchas de las construcciones de la ciudad son así. Me parece muy extraño, se ve muy gris la ciudad, y en mi mente, incompleta. Me da la impresión de que concreto sin ni siquiera cal es obra negra, construcciones sin terminar, pero aquí, es lo de hoy, y el arquitecto dice que es “cool.” El edificio del ayuntamiento también es de puro concreto. Parece una mezcla brutalista–una verdadera corriente de diseño arquitectónico, si no me cree búsquelo en internet–moderna y gris. Por otra parte, los techos de las casas de Reykjavik son de colores y la vista desde lo alto de la torre de la iglesia es algo que uno no se puede perder.

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