Norðurljós: luces del norte

Ayer fue nuestro último día en Reykjavik. El cielo amaneció despejado y azul, con mucho viento. Yo había leído que los mejores días para ver la aurora boreal son días sin nubes. El sistema meteorológico islandés pronosticaba muy buenos cielos para ver la aurora; sin pensarlo más compré boletos para un paseo que nos prometía una noche con destellos de colores. Dicen los islandeses que ir en busca de las luces es como ir de cacería, de suerte. Mientras pagaba crucé los dedos con la esperanza de que las luces me encontraran. Para poder ver la aurora hay que buscar la obscuridad, alejarse del brillo de la cuidad. Así le hicimos, fuimos a las afueras de Reykjavik, como a unos 40 minutos del centro. No habíamos ni llegado y ya veíamos reflejos de un tenue verde desde el autobús. Lo que le siguió fue increíble. Un espectáculo de luces danzantes en el cielo que se movían de un lado al otro cambiando de forma con el viento, como acuarelas en papel. A simple vista la aurora boreal es un verde muy tenue, casi blanco. A veces se alcanzan a ver rayos rojos y amarillos, pero no con tanta frecuencia. El verde intenso que se ve en las fotografías se logra porque la cámara puede absorber más luz que nuestros ojos. Por lo mismo, es muy difícil capturar el espectáculo de las luces con la cámara de un iPhone. Y sí, la mayoría de nuestros compañeros turistas llevaban tripie, cámaras DSL, y estaban más que listos para llevarse la foto del recuerdo. Yo sólo mi iPhone. Sabía que no tendríamos buenas fotos que compartir, pero no importaba, yo sólo quería tomar fotos con mi memoria y recordarlas por siempre.

El guía del paseo, sabiendo–supongo–del intenso deseo de aferrarse a un recuerdo y la fiebre por compartir la aventura, llevó su cámara, su tripie, y la mejor disposición de tomarle foto a cada uno de los turistas anticuados que, como nosotros, no tienen cámara DSL.

aquí una compañera turista se coló en nuestra foto

Las luces fueron tan intensas y tan coloridas ayer que hasta el iPhone logró un par de fotos que dejan en evidencia la hermosura indescriptible de este fenómeno. El guía–un maestro de física ahora retirado–nos explicó que las auroras son vientos solares, formados de protones y neutrones, que al chocar con el campo magnético de la tierra se desintegran y forman gases que colorean la atmósfera al entrar en contacto con el oxigeno.

Fueron dos horas de pura emoción, de mucho frío pero también de mucho asombro ante los regalos de la naturaleza, lejos del ruido y las luces de la ciudad. Todos apuntábamos hacia el cielo y soltábamos alegría cuando las luces bailaban para nosotros, cuando cambiaban de color y se intensificsban. Un espectáculo de luces como nunca había visto.

La aurora boreal se asocian con el invierno nórdico, pero es un fenómeno que sucede todo el año, todos los días; pero que sólo se ve en las noches despejadas que trae el invierno. Es posible ver las auroras en el sur, pero es mucho más común verlas en el norte.

Norðurljós

Ya en París, dándome cuenta que entiendo más de lo que pensaba, lista para seguir la aventura.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

    1. Kaluz dice:

      :):) gracias por siempre leer

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