Welcome to France 

Nuestro vuelo a París salió a las seis de la mañana. Casi casi regresando del paseo de las luces ya teníamos que encaminarnos de nuevo, ahora al aeropuerto. Yo tenía mucho sueño. Sólo esperaba a que dieran las seis para subir al avión y poder dormir, descansar un poco. Cerré los ojos, cuando los abrí la asistente de vuelo me decía que me enderezara que estábamos a punto de aterrizar. En Charles de Gaulle nos subimos al tren y bajamos cerca del Pomipidu en dónde está el departamento del amigo del amigo de H dónde nos quedaremos esta semana. Nos dejarían las llaves en el cuarto de la basura, en la entrada del edificio, en una cajita, decía el mensaje. H estaba buscando las llaves cuando se acercó un señor con angustia y un poco de desdén –“bonjour, bonjour”–Y ahí empezó la explicación en inglés-francés. Justo cuando parecía que la conversación no llegaría a ningún lado venía entrando la dueña del departamento que renta el amigo del amigo. Se arrancaron en francés; veíamos a uno, veíamos al otro, moviendo la cabeza de un lado al otro como si vieramos un partido de tenis. No entendía mucho, pero si entendía que el señor empezaba a enojarse–“c’est interdite, c’est interdite–le decía a la dueña que estaba prohibido. Viendo nuestra cara de confusión–de puerquito en venta, diría mi papá–él dijo en español que el problema no era con nosotros pero que estaba prohibido que Nicolás subarrendará el departamento; según él, todo el verano había estado entrando gente extraña al edificio. “Pero sí somos sus amigos” decía H mientras escribía frenéticamente mensajes de texto con la esperanza de solucionar algo. Por supuesto no recibió respuesta inmediata. Finalmente el señor se dio por vencido, dijo que resolverían este asunto en una junta de vecinos y se fue. La dueña creyó que conocemos a Nicolás, nos abrió la puerta y nos dio las llaves. “Welcome to France,” nos dijo con una sonrisa compungida.

Dirk y Lalo venían manejando de Berlín y llegarían hasta más tarde. Nos fuimos a Notre Dame a dar la vuelta, a tomarnos fotos en el puente de los candados, a caminar por las calles de París que se parecen a la colonia Roma, a comer crepas de chocolate y plátano. Entramos a las tienditas, ojeamos libros y postales. En noche recibimos a los viajeros con papitas y cerveza, y después nos fuimos a cenar. Conocimos a Nicolás el año pasado cuando corrió con Dirk el maratón de Nueva York. Ya todo el lío del departamento está resuelto. Nicolás está de viaje. El departamento es grande y bonito. Sólo se le olvidó a Nicolás decirnos que otros amigos de él vienen también a quedarse en su departamento este fin de semana (y hay que sumar a Christine que llega mañana). A sus amigos tampoco les dijo. Sorpresa para todos. Habrá que compartir. Al menos nosotros venimos en bola, ellos venían con plan romántico… ja ja ja

Hoy fuimos a las catacumbas de París, a los jardines de Luxemburgo, y al Pantheon. Mañana a la torre Eiffel :) y escribiré más.

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