Picnic en Versailles

Pasan los años y cambian muchas cosas, pero también hay cosas que no cambian nunca; eso lo sabes cuando ves a tu amiga de la secundaria y la conversación fluye como siempre, sin vacíos extraños. Cuando los gestos y las frases son las mismas de hace quince años. Cuando parece que la última vez que hablaron fue la semana pasada.

Los maratonistas se fueron a correr, Christine se quedo a leer, yo me aventuré en las calles de París para ver a Monste, recordar viejos tiempos, y hablar de esos años cuando jamás hubiéramos imaginado lo que la vida tenía para nosotras. Estuvimos juntas un buen rato poniéndonos al día, hablando de la vida Parisina y Washingtoniana y de las nostalgias–como los tacos–que a veces nos atacan en capitales foráneas. De los pros y los contras de vivir lejos, cómo tener cuarenta días de vacaciones al año–imagine that–pero franceses molestos y tiendas que no abren en domingo ni en días festivos. También conocí a Pierre. Ya quedamos que no pasan quince años antes de vernos de nuevo.
De regreso al departamento los chicos, ya descansados de su carrera larga y con pilas para seguir paseando, tenían todo listo para irnos de picnic a los jardines de Versailles. Llegamos rápido, cincuenta minutos de viaje y estábamos llegando al palacio, listos para comer. Nos instalamos en donde pudimos y comimos baguettes con aguacate, jamón, y queso. De postre, fruta, galletas príncipe–mis favoritas del mundo mundial–y vino.
Los guardias franceses usaban sus silbatos cuando alguien se acercaba a alguna de las zonas del jardín que prohibían el paso; gritaban “c’est interdite, c’est interdite!” Estoy pensando que los franceses aman esta frase, ja. Muchos silbatos sonaron, muchas veces, acompañados de mucho griterío. Estuvimos sentados en el pasto, comiendo y platicando un buen rato. Llenándonos de la vista que no se tiene todos los días. Qué maravilla los jardines de Versailles, muy sencillos pero muy bonitos.

El límite de los jardines da a un parque público dónde los locales salen a correr y las familias a pasar el domingo. Veíamos las lanchas–como las de Chapultepec–moverse en el lago que le suma al encanto de los jardines. No faltaron los turistas que tenía que ser rescatados porque no podían remar. Christine y yo queríamos subir a una lanchita también y navegar por el lago, pero para cuando nos decidimos ya eran las seis y media y cerraban el changarro. Obvio nosotras sí sabriamos remar. Queda pendiente para la próxima.

Terminando el picnic subimos hacia el palacio tomándonos fotos con las flores y los garigoleados diseños a nuestras espaldas. Usamos el “selfie stick.” Ya pueden imaginarse todos los albures que he escuchado con eso del palo, el tamaño del palo, la inclinación del palo, el manejo del palo, la movilidad del palo, y quién tiene el palo más largo…parte del encanto de viajar con tres hombres que son amigos, además de entrar a todas las tiendas de coches, playeras de fútbol, y de tenis para correr. Yo sólo quería comprarme una pijama en Oysho o Etam. Nunca llegué a esa tienda.

Para cuando regresamos a París ya teníamos hambre otra vez. ¡Camino a Versailles vimos un Chipotle! Hubo una conmoción en el coche. A todos los viajeros se nos hizo agua la boca, excepto Christine qué no sabía porqué tan emocionados; con tantos días de pan y queso ya nos hacían falta unos frijoles y guacamole. Dirk ya está acostumbrado también a esas cenas “American style.” Decidimos encontrar uno de los tres Chipotles que hay en París y cenar ahí. Gracias a Google maps, a T-mobile, y al guía estrella de este viaje, Lalo, lo logramos. Nos costó trabajo pero supimos que seguíamos en la ruta cuando vimos una señal de neón, gigante, que decía “burritos.” ¡A cenar! Dirk estacionó el coche sorprendentemente rápido. Pensó haber encontrado un súper lugar, pero resultó que Chipotle fue un antojo caro. Nos multaron por 135€ por estar mal estacionados. Ups. Habrá que pagar, pero tenemos la esperanza de que la multa se pierda en el sistema europeo. Tenemos a nuestro favor que el policía que nos multó no reconoció la bandera austríaca de nuestro coche rentado y marcó el país como Suiza. Ya veremos.

Al final del día los chicos se fueron a Lido y nosotras a caminar por el Louvre y la Ópera de París, para no irnos sin conocer por allá. Hoy nos encaminamos a Berlín. Ahora estamos en Brujas y pararemos para dormir en Amsterdam. Cada día más cerca del climax del viaje (broma local con Pris, espero te estés ríendo hermana).

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