Deftones

Era viernes, por fin. Llevaba una playera gris y pantalones de mezclilla, unos puma viejos, pelo enmarañado y un poco de flojera. Me acuerdo que traía una sudadera aguada y una bufanda bicolor, negra con gris—todavía la uso, es mi favorita. En algún momento del día Nahúm decidió convencerme de que fuera a la cena navideña de atletismo de ese año. Él si iba. Trabajábamos juntos en el PRAMI, corríamos en la ibero, y viajábamos juntos en el caminante todas las tardes de regreso a casa. En ese entonces, prácticamente sabíamos todo el uno del otro.

 

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Nahúm y yo en nuestros días del PRAMI

Quería ir, pero no. Soy un poco tímida y cohibida para conocer a nuevas personas, para hacer plática ligera, y generalmente no encajaba en las conversaciones con extraños. Nunca sabía de qué antro, programa de televisión, canción, zona, gente, escuela, o etcétera estaban hablando. Pero quería ir porque los de atletismo se veían alivianados, divertidos, era fin de semestre, fin de año, y había estado pensando que el tiempo de divertirme era ya. Era tiempo de entrarle duro al reventón y curarme el corazón partido.

El chiste, dijo Nahúm, es tener una logística perfectamente planeada antes de avisar a los padres que no se llega a dormir esa noche. La clave era avisar casualmente con un aire de autoridad,  madurez e indiferencia. “Pedir permiso” era cosa del pasado y reducía drásticamente las probabilidades de éxito. Con estas instrucciones y mi plan de logística llamé a mi papá; no sin interrogar cada detalle, finalmente accedió, y sólo porque me iba a quedar en casa de mi tía Ana. Al fin y al cabo el tren ya estaba llegando a la estación.

La segunda parte del plan era convertir mi atuendo en algo más o menos navideño o tan siquiera algo menos chafa. Las cenas de atletismo de aquel entonces eran casi de etiqueta rigurosa—estoy exagerando, ooobvio, pero la anfitriona había dejado claro que nadie podía llegar de tenis y mucho menos con sudadera, esta advertencia era para los hombres, pero me quedaba como anillo al dedo…ups. Con mi gran sueldo de aquel entonces—léase con sarcasmo—que de casualidad me pagaban ese mero día, me fui a Santa Fe con Nahúm para mi fashion emergency. Nahúm pacientemente opinaba y sugería, como todo un asesor de belleza. Compré un suéter negro de cuello V y unos zapatos de piso grises con rojo en Zara. Pasé al palacio y pretendí interés en productos de belleza para que maquillaran y alaciaran… y estaba lista.

Nos fuimos en taxi a casa de Franjo, quién nos daría aventón a la fiesta. En un vuelco de ironía regresamos a Santa Fe a recoger a “Panda” (qué onda con nuestra la logística). De ahí a las Flores, al mero sur de la ciudad. La fiesta estuvo bien, mucho relajo, mucha comida, muchas cervezas, y muchos shhh shhhhhh shhhhhhh sshhhhhhhooooooooooots. Llegué a casa de mi tía hasta las cuatro de la mañana.

La banda atleta de aquellos días como pocas he conocido en la vida. En ese entonces apenas empezaba a conocerlos. Yo entrenaba a las siete de la mañana antes de mis clases de economista, corría con Bonny (¿necesita una entrenadora? ¿vive en el D.F. ahora CDMX? háblele ahora). Apenas podía mantener el paso cuando hacíamos el circuito de cuatro kilómetros en el Ocotal y no mostraba habilidad atlética alguna para saltar las vallas, lanzar la jabalina, hacer caminata o correr a distancia.  Yo sólo quería correr porque parecía cool—mi interpretación del deporte después de pasar mi primer verano en Washington—y quería seguir comiendo chocolates, había que quemarlos de alguna manera.

Ese día conocí a Deftones, el lanzador de las balas de metal (\m/) que decían llegaba a las fiestas con un trío de caguamas—solamente para él, por supuesto—y que siempre, según Abby, traía una playera de los deftones. En ese entonces yo confundía a Deftones con Tovar y el Pelos; entrenaban los tres a las once, y yo sólo los había visto a lo lejos. Fue hasta ese día que mi cerebro registró la diferencia. En retrospectiva, creo que Motörhead hubiera sido un apodo más apropiado.

Era Diciembre, el mes que pasa todo y nada también.

 

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La foto del recuerdo
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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Christine dice:

    Google translate makes it unfortunately really hard to understand this article ;-) Was that the party where you met H?

    1. Kaluz dice:

      Yes my friend!

  2. p dice:

    esta buenisimo….creo que ha sido de mis favoritos :) jajajaja, que risa y que emocion, quien sabia que ese dia cambiaria tu vida! te quiero (pri)

    1. Kaluz dice:

      Gracias Prixi!

    1. Kaluz dice:

      ese blog de películas necesita un poco de vida… :) escribeeeeee

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