Hostal Termini

Esa vez conseguí un boleto trasatlántico en 529 dólares; tengo buena memoria para recordar pequeños detalles como ese, el precio exacto de un boleto de avión. Pris organizaría la logística del viaje. Vivía en Milán en aquel entonces. Yo sólo tenía que atravesar el océano y ella me llevaría de paseo. Experta viajera de la geografía europea me había prometido los mejores trenes, pasta, gelatos de pistache, y hostales buenos, bonitos, y baratos.

En esa aventura conocí las habilidades culinarias de mi hermana y su fluidez en italiano. Se discutía con el mejor ravioli y hablaba por mí todo el tiempo; los italianos no me entendían ni el “grazie.” Íbamos a los cafecitos en la tarde y me pedía un capuchino y un sándwich—“caldo”—caliente. Estábamos fascinadas con las horas felices y la barra de comida que venía incluida con la compra de un sólo trago…y, con las cejas depiladas de los italianos.

Fue un viaje inolvidable, además de hermanas siempre hemos sido amigas, cómplices. Hubo aventuras de película. Como cuando fuimos al súper y me regañaron por no ponerme guantes de plástico para escoger la fruta (¡!) jajajajajajajajajaja, ¡No me acordaba de esto! Pero ahora que lo dices me acuerdo que fue porque no querías contaminar con más plástico y te dije que en Italia se tomaban muy en serio lo del guante, probablemente ya me habían regañado a mi antes, o el día que se agarraron a gritos en el aeropuerto. “Dime qué está pasando,” le decía a Pris que seguía ágilmente la pelea en Italiano, yo como puerquito en venta—hubiera dicho mi papi. Otra pelea que estuvo buena fue la del conductor de un autobús con un pasajero que traía un perro…esos sí que gritaban, ¿te acuerdas? Creo que era una de las cosas que me parecía encantador de Italia, nadie tiene miedo de gritar, es muy chistoso ver como se pelean por toooodo, tienen cero sutileza o inteligencia emocional, diría mi mamá. Pero cómo olvidar el hostal en Roma, y la perdida que nos dimos para dar con el la primera noche.

 

Lo de los hostales buenos, bonitos, y baratos…sí, Pris se encargó de hacer ese sueño realidad todo el tiempo que anduvimos por allá. Por esos días jugaban el Manchester y el Barcelona la final de la Champions en Roma. La ciudad estaba a reventar entre turistas y aficionados. Nos quedamos cerca de Termini. Una zona fea y decadente que tenía esa gracia medio horrida de mugre, vejez, multitudes, y basura, igualita a Observatorio, pero estaba bien ubicada, cerca de todo y de los trenes.

Siempre crees que has llegado al peor hostal hasta que llegas al que sigue. Esperaba lo peor. En realidad, no estaba taaaan feo; había papel en el baño, y la tarifa incluía pan con mermelada y café en las mañanas. ¿Qué más podías pedir?… Ya sé. ¡Un cuarto con personas del mismo sexo! Pero…el cuarto de dos literas en el que nos quedaríamos nos informaron era mixto y nuestros compañeros de cuarto podrían ser hombres. Me dio miedo. Se apoderó de mí la paranoia, la fatalista noción  de que todo lo (malo) que puede suceder, sucede, y que estábamos “solas.” Me sentí pequeña y vulnerable. Obviamente, pensé, seríamos las culpables de nuestra propia desgracia. Pris, tranquila, como si nada, dijo algo así como “así son los hostales Clau, ¿qué esperabas?” “No por nada hay una película de carnitas y sangre que se llama hostal Priscila…tal vez debimos de habernos quedad en un hotel”

Me acuerdo que tú si estabas un poco asustada y súper sacada de onda…yo igual pero tenía que comportarme “cool” para que tú no te freakearas más…porque sí, se veía muy sketchy el hostal. Primero llegamos a una oficina horrenda y los de la recepción—que no hablaban ni inglés ni español ni italiano—nos llevaron a señas al “hostal” que estaba metido en unas calles horrendas…jajajajajajaja, muero de risa de recordar tu cara. Nos hicieron subir unas escaleritas rascuachas y nos enseñaron el cuarto…cuatro literas pinchurrientas y dos huéspedes aún por llegar… ¡tan tan tan tan! podrían ser hombres; para mí el peor escenario era que olieran mal y roncaran, pero tú tenías otros escenarios más preocupantes en mente—no por nada soy la hermana mayor—Por eso te enojaste un poco conmigo, por bookear ese hostal…“prefiero pagar 50 euros más, pero no hay que quedarnos aquí”—decías. Obvio con la champions en la ciudad no había vacantes en ningún lado, así que tuvimos que quedarnos ahí, era eso o la calle. El baño estaba rarísimo también, era un bañito para muchos cuartos y la puerta NO cerraba, ¿te acuerdas?

 

No me acordaba de la pérdida nocturna después del primer día de turisteo, de lo que sí me acuerdo es del alivio que sentimos cuando en nuestro cuarto mixto llegaron dos niñitas pubertas de la edad de Estefi…las niñas ni su carterita guardaban, la dejaron aventada en la cama con el dinero a la vista, en cambio yo hasta con la cámara puesta dormí esos días.

Luego, como olvidar que nos teníamos que parar a las seis de la madrugada parara empezar el turismo y tú no te querías peinar…lo bueno es que muy pronto te diste cuenta de que la evidencia en las cámaras quedaría por siempre, entonces ya me pedías que te hiciera aunque sea una trencita, jajajajaja…

 Eso sí, lo que nunca pude superar es que usaras tus tenis nike, creo que ahora que estoy en gringoland pienso que es la mejor opción para caminar y que eres demasiado inteligente, pero antes yo era muy “cool” como para turistear con tenis nikeee, jajaja, ¡ni para la ópera te los querías quitar! (¡obvio sí me los iba a quitar para la ópera!).

Siete años después y recordamos esta historia con risas. Pero no todas corren con la misma suerte y pueden reírse después. Recordé esta historia y decidí escribirla en el blog porque hace una par de semanas las redes sociales empezaron a hacer ruido con la muerte y desaparición de María José y Marina, dos viajeras Argentinas en Ecuador. Como nosotros, viajaban “solas.” Tal vez tuvieron miedo o cuestionaron su decisión de haber reservado en tal hostal o haber ido a tal playa. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que tras haber sido víctimas de asesinato, la sociedad las declaró a ellas culpables de su propia desgracia en lugar de señalar a los asesinos, tal como cuando se declara culpable a una mujer violada por llevar el cabello suelto o una corta falda.

Esto es apenas la punta del iceberg. En México hay al menos siete feminicidios al día; pero lo más perturbador es que la muerte de estas mujeres es ignorada por las autoridades, los principales medios de comunicación y las redes sociales. Y ni si quiera es que estén de viaje, sino que van de casa al trabajo y de regreso, van al mercado, cosas así. Antes de morir, muchas de ellas sufren crueldad inimaginable—puñaladas, quemaduras, golpes, violación, y mutilaciones genitales. Sin embargo, al día de hoy, la gran mayoría de esos crímenes continúan impunes. Ante tal indiferencia, no es casualidad que estas mujeres son de bajos recursos y no tienen la influencia para generar indignación en las redes sociales y medios de comunicación.

Como María José y Marina, cuando se habla de los feminicidos—en México y el mundo— a veces la primera reacción es culpar a las mujeres de sus propios asesinatos y desapariciones. Algunas de las víctimas más jóvenes apenas tienen cinco años cuando son asesinadas. Me pregunto qué culpa le pueden echar a una niña de cinco años por ser violada y asesinada. Guadalupe Acosta, una estudiante Paraguaya, escribió un discurso muy honesto y crudo en Facebook, después de enterarse de la muerte de las viajeras argentinas, dónde pide justicia, no sólo para María José y Marina, sino también para todas las mujeres cuyos homicidios no han sido resueltos.  Sin importar cuál sea nuestro pasado o nuestro futuro, en dónde vivamos o en qué trabajemos, si viajamos o no, queremos sentirnos seguras cuando tengamos que caminar solas en el día y en la noche, en la ciudad o en la playa, cuando estemos de viaje y cuando estemos en casa. Con esta entrada me uno a la indagación social contra la violencia hacia las mujeres en su máxima expresión y a la petición de que alcemos nuestras voces para que se reconozca esta problemática social, a los verdaderos culpables, y tomemos las medidas necesarias para eliminarla.

 

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