Objetos de otra vida

El último departamento en dónde vivimos tenía tres closets-vestidores con espacio para dar y regalar. Era un departamento viejo, construido a principios del siglo pasado, todavía con radiadores y sin aire acondicionado central. No teníamos muchas repisas, pero teníamos libreros que compensaba nuestra deficiencia de estantes. Suéteres y zapatos en vez de libros. En mi closet, tenía también unos cajoncitos que heredé hace años, esa vez que hubo mudanza en la oficina; repletos de cosas y cositas.

Esos cajoncitos me acompañaron en todas mis moradas. Se mudaron conmigo, de cuarto en cuarto sin ni siquiera chistar tantito. Vivieron felices en la obscuridad del closet guardando el pasado en sus adentros. Pero siempre llega el día; para los cajoncitos, ese día fue un agosto cuando el closet-vestidor se convirtió en un pequeño closet y tuve que buscar espacio en donde no había.

Aquí un recuento de algunos de los objetos de otra vida que encontré en mis cajones. 

 

El teléfono portátil no inteligente

Mi primer celular fue un Nokia gris con el clásico juego de la viborita y recargas amigo—enero del 2005. Cuando llegaban los mensajes aparecía un sobre en la pantalla y mí corazón saltaba con curiosidad—todavía quiero saber quién me escribe, aunque sean las tres de la mañana. Era un proceso largo el de leer y contestar los mensajes, había que picar cada tecla hasta tres veces, cuatro si necesitabas una z. Y cada mensaje costaba un peso…más valía escribir tantos caracteres como fuera posible en lugar de gastar dos pesos. Me acuerdo la primera vez que me mandaron un emoticono ;)… ¿qué es eso? pregunté perpleja…una carita feliz dijo X.

Nunca tuve blackberry, del celular arcaico brinqué al iPhone, esperé tanto para comprarlo que cuando lo compré pagué sólo un dólar, ya iban en el 5s y yo apenas adquiría el 3—mi primer tuit fue en enero del 2013 #YoSiempreaLaVanguardia. En la foto, el último teléfono portátil “no inteligente” que tuve.

El iPod

Quise un iPod cuando empecé a correr, para que el tiempo volara y los kilómetros se hicieran cortos. Mi canción favorita de aquellos días “Don’t Stop Me Now” de Queen…era la primera en sonar cuando ponía los pies en la pista; después, todas las del disco de “No Cities Left” y unas cuantas de “Gang of Losers” de los queridos. Había muchas de los Enanitos Verdes y de Shakira. Una que otra extraña como “Hurt” de Nine Inch Nails, la versión de Johnny Cash también.

Lo compré en el target de Waco sin mucho pensarlo un diciembre del 2006. Yo me unía a la sensación musical unos cuantos años tarde…(para variar). Después de las primeras canciones, nunca más hubo nuevas. Era mucho para mí importar el disco y actualizar iTunes a menudo.

Después vino el iPhone, Spotify, sus mágicos algoritmos y el repertorio musical más grande del mundo…Del iPod me queda la clásica frase “ahora suena.”

La cámara para la computadora

H y yo hacíamos vídeo-llamadas en aquellos ayeres del 2007. Cuando él vivía en México y yo en DC. Por eso la camarita, básicamente gracias a la camarita seguimos juntos, nuestra testigo de amor a distancia. Nos conectábamos todas las noches a las 9/8pm a hablar del día, nuestros planes, el futuro… :) ¿Qué hubiera sido de nosotros sin Skype y Messenger?

 

Esta entrada inspirada en mi ultima mudanza y un tuit que leí una vez que decía: canciones de otra vida…

 

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