Turista en mi ciudad

Qué emocionante es ver una ciudad con ojos nuevos. Llegar por primera vez y caminar sus calles con ritmo de turista. Absorber todos los sabores y colores a máxima velocidad, antes de que se acaben las vacaciones. Tratar de entender el transporte colectivo y el humor de los locales. El tráfico, la moda, la comida…todo, apenas en un par de días.

DC fue esa ciudad para mí hace muchos años. Una aventura que salió de la nada y transformó mi vida para siempre, de tantas maneras. La primera ciudad en el que me subí al metro y a la que viaje sola. Aquí vine a dar cuando me corté el cordón umbilical, en contra de todas mis predicciones; una ciudad que nunca había imaginado ni en mis sueños más extremos. Me regaló ilusiones, independencia, intelectualidad, y romance. También dolor.

No puedo olvidar el olor del aire acondicionado en el aeropuerto, y luego, en todos lados. La humedad, el sol a través de mi ventana a las cinco de la mañana y su cielo despejado. La ciudad me recibió aquella vez con su verano y su arrogancia. Me enamoró para siempre. No sólo con sus flores, sus casitas de ladrillos y monumentos de mármol, también con su gente. Apasionada de lo suyo, intensa tipo a, liberal, y feminista. Aquí encajaba y,…¡ah! DC, forever my love.

Tan emocionante fue llegar aquí por por primera vez cómo es compartir historias en DC con mis personas favoritas del mundo. Memorias fugaces, que se amarillentan con el tiempo, pero que viven por siempre… Hace unas semanas anduve de turista en mi ciudad. Visitando de nuevo todos los lugares que hacen a DC una ciudad espectacular. Que afortunada soy de vivir en la ciudad de los cerezos y compartirla con las personas que más quiero, a pesar de los años y la distancia.

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La foto del recuerdo en la librería del congreso

Para empezar a turistear, una parada en Rocklands, mi BBQ favorita; cerca de donde vivimos. Les aseguro que nunca han probado suadero como tal, y es verdad, les gusta. Hablo mucho y rápido, mi corazón palpita de prisa; estoy emocionada de tener visitas. De ahí a la catedral. Los llevo en nuestro pequeño coche azul temerosa de ir al volante. Les cuento que la catedral tiene una gárgola de Darth Vader, algo que todo turista aficionado a las guerras estelares debe de saber. Seguimos nuestro recorrido hacia Georgetown, y nos detenemos en la calle Prospect esquina con 37,  ubicación de las “escaleras del exorcista.” Subimos y bajamos. Nos tomamos fotos. Recordamos el maratón de películas de terror de Pakis—razón por la que consideramos estas escaleras un atractivo turístico—y el momento preciso en el que las escaleras aparecen en la película…y, qué miedo vivir ahí.

Caminamos por la calle M, nuestra pequeña quinta avenida, de tiendas en antiguas casitas de ladrillos con aire inglés, y a la orilla del río Potomac. Vemos Virginia a lo lejos y el centro para las artes escénicas John F. Kennedy. H nos lleva de paseo por la ciudad iluminada, a ver el Capitolio y la Casa Blanca brillando en la oscuridad, y después, a platicar hasta que nos venció el sueño y se nos acabaron las palabras.

Al otro día, fuimos a la Casa Blanca, recorrimos los pasillos del ala este, el cuarto azul, rojo y el verde, contemplamos las vajillas de cada “sexenio” y tomamos fotos de los tulipanes, y las ventanas con vistas inigualables de la ciudad. Nos sentamos a comer en la terraza del hotel W, y tomamos una cerveza de “cherry blossom,”—que sabía mal, pero los cerezos estaban floreando a todo lo que daban y queríamos todo de cerezo.

Fuimos al museo de arte y al museo del aire y el espacio. Caminamos en el Tidal Basin, admirando los cerezos una y otra vez, entre olas de turistas y locales enamorados de las pequeñas flores de algodón rosa. Hubo fotos instantáneas para celebrar el amor y la amistad, y quedó prueba de que soy buena fotógrafa. También fuimos a un concierto (extraño) al final del día y cenamos hamburguesas.

Para acabar el recorrido desayunamos el sábado a la orilla del Potomac unos huevos benedictinos y visitamos la librería del congreso y el capitolio. Yo me encargué de las fotos detrás de cámaras—son las más divertidas—H de llevarnos a todos lados, y Pris de hacernos reír.

Fue un fin de semana increíble… y por supuesto, hubo cupcakes. 

 

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. P. dice:

    jajajaja….ame el final….hubo cupcakes!, te falto decir que eran sabor cerveza! te

    1. Kaluz dice:

      Técnicamente no sabían a cerveza… ja ja ja

  2. Juan Meneses dice:

    Gracias por tooodo. Te quiero mucho. Muy agradecidos por recibirnos como turistas y darnos la vuelta por toda su ciudad. :)

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